¿Podemos salir a la calle?...
Creo que pedía permiso en plural, no por que confundiera el numero de personas, sino que hablaba en representando el petitorio en nombre mío y de Fernando mi hermano, un año menor. Esto hacia que compartiéramos no solo la autorización sino tambien los motivos por los cuales podría venir una respuesta negativa. Esto se mantuvo hasta la adolescencia cuando pedíamos permiso para salir de noche.
Volvamos a los inicios de los 80´s, ya teníamos el permiso de salir a la calle, siempre con la recomendación de Graciela, que en realidad se llamaba Livia pero odiaba ese nombre, _ ojo con joder a la chaqueña-. La chaqueña era un tipo especial de vecina, una mujer de aproximadamente unos 45 años, casada con un don nadie del cual no recuerdo ni la cara, si su falcón rural verde aceituna, tenían dos hijas de unos 18 años, una de ellas "machona" así las llamaba Graciela a las lesbianas en aquella época, yo no entendía nada que significaba eso y tampoco me interesaba, solo sabia que no tenia que pisar su vereda por que se armaba un griterío mas grande del que generábamos nosotros, los chicos de la cuadra jugando al futbol.
Salir de casa por ese pasillo donde vivíamos era como salir por el túnel de un estadio, la casa siguiente a la mía era la del "mono" Diego, cuando nos veía pasar corriendo, tambien salía.
Golpeaba la puerta de Rafael, único hijo de un matrimonio que creía vivir en barrio norte y no en una villa miseria, Rafael, un chico rubio que la madre le cortaba el pelo "corte taza" y que gentilmente donaba la ropa que ya dejaba de usar a mi vieja y como teníamos la misma edad y mas o menos la misma contextura física ligaba desgraciadamente estas donaciones que me hicieron tempranamente conocer miradas y sonrisas burlonas en esos cumplíamos a los que estábamos invitados los dos, ya que para colmo de desgracias éramos compañero de colegio.
El campo de juego era delimitado por la vereda de Rafael, dos piedras grandes marcaban cada arco ahí ya llegaba Juano, hijo del chileno Pachi, que se escapo de Pinochet por poco y que con su familia no encontró mejor lugar que la villa para vivir. Luego venían el resto, Pata (mi primo), el chaco, Hugo (hijo no reconocido del carnicero del barrio, Marcelito, que tenia un tío de unos 30 años que era travesti, el gordo Camión, y algún que otro que ahora no tiene importancia. Lo que si tiene importancia ahora a la distancia, me doy cuanta, era esas historias que cada uno traía consigo por mas chicos que éramos, y que hacia rica las charlas interminables luego del juego. Donde hilábamos las cosas que mas o menos conocíamos del mundo.
Se trataba de armar los dos equipos parejos, ya sea por cantidad de jugadores o por capacidades futbolísticas, es decir si éramos impares, se ponía en el de menor cantidad de jugadores los mas habilidosos. De ultima se resolvía en un "pan y queso", luego a jugar, valía todo, las únicas reglas que se respetaban eran, no tirar la pelota a la calle por riesgo a que algún colectivo la reviente, detener el juego inmediatamente como si se congelara la imagen si pasaba alguna señora, y nada de piñas.Ese, el ultimo partido que recuerdo haber jugado en la vereda. Veníamos empatando 11 a 11, si si los partidos eran larguísimos o eso me parecía a mi, y los goles eran continuos todos a excepción del arquero corríamos detrás de la pelota, y como ya dije valía todo, hasta incluso el golde algún vecino que pasaba circunstancialmente por ahí. A casi todos nos habían llamado para ir a cenar o hacer mandados, el partido tenia que terminar ya pero no podía quedar con un empate por que la gloria era poder gastar a los del equipo contrario. Alguien grito "GOL DEFINE" y eso fue como el ahora o nunca no solo el que convirtiese el gol definía sino que se llevaría todos los aplausos y se transformaba
en el héroe de la cuadra. Todo se transformo en un conjunto de niños, pegando patadas, algunas daban en la pelota otras en los tobillos, todos hasta los dos arqueros, sabiendo que en cualquier momento el balón sarria disparado hacia cualquiera de los dos arcos, todo sucedió muy rápido, el chileno Juano me pega en la tibia, yo que me alejo saltando en un solo pìe en circulas y con las manos agarrándome la pierna que pensé quebrada; la pelota sale rebotando hacia el arco contrario y quedando a un metro de mi y la gloria. Olvide cualquier dolor y salí disparado no quería rematarla sino hace el gol con el mayor lujo posible, todo el malón detrás mío, los contrarios tratando de pararme y los míos tratando de alcanzarme para ser ellos los que convirtiesen el gol, y arrebatarme el triunfo. Pase por entremedio delas dos piedras que oficiaban de arco, y corrí unos metros mas, con los brazos en alto, el grito de mios compañeros de equipo se unió el de los adversarios transformándose !GOLLLNOOOOOO .......El dolor no pudo ser expresado por una palabra ya que no tenia aire, solo me doble.
Sin darme cuenta en mi carrera triunfal había pisado la vereda de la chaqueña que aguardaba paciente la oportunidad, con una escoba me acertó un golpe en el estomago que yo regalaba con mis brazos en alto. -Vieja hija de puta, voy a llamar mi mama! dijo mi hermano Fernando. Solo falto que Pata mi primo se agachar a recoger una piedra para que el resto entendieran lo que iba a pasar. de las tres ventanas y los dos ventiluces de garaje solo se pudieron rompes uno entero y otro se astillo. Mi mama vino pero no pudo hacer demasiado la Chaqueña no salió de la casa por mas gritos que pegara.
Desde esa tarde nuestro campo de juego se extendió y gano los 10 metros de vereda de la Chaqueña, que cedió por fuerza mayor, tambien tuvo que ceder su reja de un metro y medio que hacia de alambrado y cada gol nos servia de forma ideal para colgarnos a gritarlo imaginando una tribuna que se festejaba.
Podría contarte que hubo una segunda venganza cuando llamamos a con ayuda de Pablo mi primo que era el único que poseía teléfono en la cuadra a todas la empresas de tanques atmosféricos de Lanus que fuese posible y le pedíamos que venganza a desagotar el baño, dando la direccion de la Chaqueña, conté 10 camiones durante el dia, o cuando llego el esposo y pretendió reclamar a mi papa que pagara los vidrios rotos, pero todo eso es para que te lo cuente otro día.

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